La segunda temporada de Master of None ha agitado el avispero televisivo en estos últimos meses, consiguiendo en la reciente gala de los Emmy dos premios de sus ocho nominaciones. Aziz Ansari, su creador, roza la excelencia en una serie que rechaza toda espectacularidad para ser un canto a la cotidianeidad, a los problemas diarios de toda una generación que puede no haber participado en ninguna gran guerra, pero que tiene sus propias batallas: la situación del empleo juvenil, las relaciones familiares o los desencantos amorosos se tratan de una forma ligera, con humor y desde la firme convicción de que todo puede ir a mejor.

 

La primera temporada nos dejó a Dev, el personaje principal interpretado por Ansari, rompiendo su relación con Rachel (Noël Wells). Tras esta debacle emocional, y ante tantos rumbos posibles para escoger, el protagonista decide viajar a Italia a modo de catarsis, de viaje de autodescubrimiento al más puro estilo Diane Lane en “Bajo el sol de la Toscana”.

A partir de aquí, los dos primeros capítulos de la temporada no hacen más que deleitarnos con numerosas referencias al neorrealismo italiano (el primer episodio –“El ladrón”- está basado en la película “El ladrón de bicicletas” de Vittorio De Sica) y a la cultura transalpina. Ansari baila a ritmo de Ennio Morricone o Sergio Endrigo sobre la línea que separa el drama y la comedia, moviéndose de un lado a otro con elegancia y sin temor a rebasarla. Estos capítulos marcan el tono que tendrá toda la temporada, con Aziz Ansari destapado como un gran director ofreciéndonos unos plano cuidados al detalle, y donde se dominan mucho mejor los silencios y tiempos muertos que en la primera temporada. Entre todas las fobias  y  filias que nos muestra el autor, tal vez la cocina sea la que más peso coge en esta parte de la temporada. Gracias a las cenas en la Osteria Francescana, los expresos  y los cursos de cocina local, acabamos lanzando palabras aleatorias en italiano, gestualizando de forma exagerada con las manos y tomando el “Dolce far niente” como nuevo estilo de vida. Este  vídeo realizado por Nelson Carvajal  compara el capítulo “El ladrón” con la película “El ladrón de bicicletas”:

La ciudad de Módena se convierte en el marco de la historia en este tramo de la serie. Todo el equipo tenía claro que había que huir de las grandes ciudades como Roma, Florencia o Venecia, grabadas ya hasta la extenuación tanto en televisión como en la gran pantalla. Buscaban algo fresco, desconocido para el gran público, y lo encontraron en esta ciudad de 185.000 habitantes.

Módena fue fundada por Alfonso II d’Este en 1598, construyendo su palacio ducal como elemento representativo de la ciudad y el cual, tras la unificación de Italia en el siglo XIX, pasa a ser la Academia Militar de Módena. El esquema de este edificio se mantiene fiel a las construcciones residenciales renacentistas, con un sistema de organización mediante patios y una fachada principal que preside la Piazza Roma. Dentro de este frente se le otorga un carácter distinto al acceso, avanzándolo con respecto a la alineación del resto de la fachada y mediante el uso de órdenes gigantes, y a las esquinas, dándole rotundidad al conjunto.

Fotografía de Michael Rivera por CC

Siguiendo con el transcurso del primer capítulo, Dev sufre el robo de su bicicleta en la Piazza Grande, la plaza donde confluyen las principales arterias de la ciudad y que se encuentra frente al ayuntamiento y el Duomo. La catedral, construida por el arquitecto Lanfranco, cuenta con dos fachadas construidas en mármol blanco orientadas a Norte y Sur. En esta última, enfrentada hacia la plaza, encontramos la puerta real y la puerta de los príncipes, junto a la que surge imponente la Ghirlandina, faro terrestre y orgullo de los modenenses que nos ofrece una vista panorámica de una de las ciudades más importantes de la región Emilia-Romaña. Este campanario de planta cuadrada, que aparece en una de las últimas tomas que nos ofrece de Módena el segundo capítulo de la serie, cuenta con 86 metros de altura divididos en cinco pisos y una cúpula octogonal añadida posteriormente.

En este segundo capítulo donde aparece el campanario se aprecia a simple vista una diferencia fundamental con respecto al primero: la introducción del color. Esto se debe a la intención de rendir homenaje a  la época disco italiana, huyendo de las referencias a los años 60 del primer capítulo. Este cambio nos permite percibir el colorido típico de las ciudades mediterráneas. Solo en la escena en la que Dev recibe con un abrazo a Arnold durante el principio del capítulo, se observa bajo un espacio porticado (otro elemento característico de la arquitectura mediterránea) un conjunto de fachadas de tonos cálidos como  rojo, naranja, amarillo… Colores típicos en las edificaciones del centro de Módena.

Fotografía de Bruno Mori por CC

También podemos apreciar el colorido del Mercato Albinelli, un mercado construido en 1931 por Giuseppe Tubini, que destaca por el cuidado  de su diseño exterior, como se aprecia en las espirales de forja hechas a mano que conectan los pilares de la estructura. Además, cuenta en su interior con una fuente llamada Girl with a flower basket cuya escultura es obra del artista italiano Giuseppe Graziosi, que cuenta con otras muchas obras repartidas por la ciudad. Por ejemplo, la escena del primer capítulo en la que Dev, Mario y Francesca están hablando con el policía está presidida por una escultura de Graziosi a San Francisco de Asis, en Piazza San Francesco.

Fotografía de Jacqueline Poggi por CC

Tras los dos primeros capítulos en forma de carta de amor a Italia, Dev decide volver a Nueva York para seguir con su carrera profesional. La temporada continuará con 8 capítulos más cargados de originalidad y ambición, donde los creadores han continuado probando cosas nuevas y llevando sus habilidades al límite. “Aprendiz de todo, maestro de nada” dice el refrán que da nombre a la serie. Reflejo de una generación que ha aprendido de todo y más, y se ha preparado hasta la extenuación para salir a un mundo  laboral en el que las opciones de ser “maestros” son solo para unos pocos elegidos.

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Fotografía de Jorge Cancela por CC