Amor o precisión matemática

Blade Runner 2049 es una de las mejores películas de 2017. No sé si por la belleza visual de sus planos o por ser el homenaje a un clásico.

Dicen que en la vida lo más importante es tener swing. El juego de cadera. Que hay que saber salir con elegancia de cualquier situación, como cuando Federer realiza un golpe de espaldas y entre las piernas ante lo que parecía un globo ganador. Saber bailar sin música, enfriar la sangre en el momento preciso.

Pero ¿qué ocurre cuando alguien se aprende tan a fondo la coreografía que los pasos parecen surgir de forma natural? ¿Se puede apreciar la diferencia entre el talento y el trabajado esfuerzo? 

Me asaltó la misma duda después de ver Blade Runner 2049, la segunda entrega de la saga que ha cosechado piropos y agravios a partes iguales. No sé si, al igual que ocurre con la relación entre Deckard y la replicante Rachel, la película me enamora por sus virtudes o porque está diseñada para ello, siguiendo cuidadosamente una fórmula para seducirnos mediante guiños a la primera película. 

Continúa el carácter distópico de la primera película. Las calles de Los Ángeles siguen bañadas por la incesante lluvia, iluminada por neones y hologramas y con un marcado estilo brutalista: fábricas abandonadas y estructuras vistas, huesos y vísceras de los edificios que constituyen gran parte del marco de la historia. El edificio de las oficinas de Wallace, por ejemplo, se nos presenta como un edificio de volúmenes limpios, sin adornos, en el que la luz aparece entre los cuerpos y se destaca como el elemento más importante. En este vídeo se muestra el proceso de creación de algunos de los escenarios de la película:

Me gusta la actualización de su carga filosófica. La relación con las nuevas tecnologías, como ya trató en su día Her, reflejada en la relación de Joi (Ana de Armas) con el agente K (Ryan Gosling). Aparece también en el replicante protagonista la necesidad, muy presente en nuestra generación, de querer destacar y sentirse único ­— provocado principalmente por Joi  y su deseo de complacerle­ —. La enseñanza de que el exceso de halago debilita.

Por otro lado, la secuela dirigida por Dennis Villeneuve se desmarca de su predecesora ofreciéndonos un descanso entre tanto escenario nocturno. Como ocurre en la reaparición del agente Deckard (Harrison Ford), una de las escenas más aclamadas: en mitad de los casinos abandonados de la ciudad de Las Vegas, el agente K se encuentra en mitad de un desierto de tonos anaranjados, en el que todo queda cubierto por el polvo y donde solo encontramos esculturas de mujeres en mitad del orgasmo. Los restos de la ciudad de los excesos; las ruinas de una civilización pasada. La tonalidad de esta parte de la película, escogida para el contraste con la oscura ciudad de Los Ángeles, se basó en una tormenta de arena que asoló Sidney en 2009 y que en la película se utiliza para reflejar la decadencia de la capital de Nevada.

Imagen de la tormenta de arena de Sydney | ©Colin Seton por CC

Javier Bilbao utilizó la siguiente definición de la película para su artículo en Jot Down: espectacular y vacía como un holograma. Palabras que reflejan el sentimiento de decepción ante una historia excesivamente parecida a la anterior presentada con un nuevo envoltorio. Visualmente espectacular, pero argumentalmente poco innovadora.

Desde mi punto de vista, Blade Runner 2049 es una de las mejores películas de 2017. No sé si por la belleza visual de sus planos o por ser el homenaje a un clásico. No sé si por tener encanto natural y una bella factura o simplemente por estar trabajada hasta la extenuación, disimulando que ha seguido una coreografía parecida a la de la primera entrega. No sé si es swing o son pasos memorizados.

Amor o precisión matemática.

 

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2 Comments

  1. Inmaculada Estrems

    Buenisimo post! Genera ganas de ver la pelicula.

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