La nueva ficción de Netflix se adentra en la mente de los asesinos en serie. Nosotros nos preguntamos cómo son los lugares que los encierran.

Horrendos crímenes perpetrados por personas corrientes. Unos hechos que solían acabar atrapando al culpable y encerrándolo dentro de una cárcel, cuanto más lejos mejor. Hasta que un día alguien decidió que estos actos de violencia visceral podían ser estudiados, encajados dentro de un patrón e, incluso, ser evitados prediciendo quién puede llegar a convertirse en un amenaza. Mirar tras el muro que encierra al asesino. Asomarse a través de las grietas para llegar a la persona y entender en qué momento se quebró. Entender qué lo llevó hasta ahí.

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John E. Douglas y Mark Olshaker escribieron el libro en el que se basa Mindhunter, la nueva serie de Netflix, donde se relata cómo la brigada de estudio del comportamiento se fue haciendo hueco dentro de un anticuado FBI. Para este proyecto la plataforma plantea una serie de larga duración, algo difícil de encontrar hoy en día cuando cada temporada de una serie puede ser la última. Sin embargo, en Mindhunter se van estableciendo los mimbres de la segunda temporada mientras se desarrolla la trama de la primera, como con ese asesino en serie que aparece siempre antes de los créditos. Un proyecto diferente, diseñado para durar y mantener la llama encendida mucho tiempo en lugar de buscar el destello de luz que dure un instante. Y para dirigirlo, David Fincher.

Se me ocurren pocas opciones mejores que él. El creador de Zodiac y El Club de la Lucha parece el mejor fichaje de una serie que necesita de sus planos fijos para que tanto diálogo no caiga en el tedio. Se construye la escena a partir de la palabra, y esto es lo que llama la atención de la serie: trata de asesinatos sin que aparezca ninguno. Una vez que el personaje principal, Holden Ford, pasa al campo teórico, tan solo viviremos los crímenes a través de la narración de sus perpetradores. De la tensión que produce el relato tiene gran parte de culpa tanto Fincher, quien dirige los dos primeros y los dos últimos capítulos, como su banda sonora, la cual podéis encontrar en nuestra lista de Spotify. En este video creado por The Nerdwriter se muestran algunas de las técnicas características del director.

Los road trips a través de unos Estados Unidos post-Vietnam  que se ven obligados a hacer los protagonistas de la serie nos muestran distintas prisiones del país. El antiguo State Correctional Institution de Greensburg o la Penitenciaría Estatal de Virginia Occidental son ejemplos de las localizaciones donde tienen lugar las entrevistas a los asesinos en serie. Edificios amurallados, en medio de la nada, donde los condenados son apartados de la sociedad.  Pero ¿han cambiado en cuanto a concepto las prisiones de hoy en día con respecto a las de la serie? ¿Es buena idea seguir aislando a todos los presos de cualquier relación social? ¿No provoca esto que su inadaptación a la sociedad sea aún mayor una vez cumplida su condena?

Eso mismo pensó el arquitecto Will Alsop cuando en 2005 creó Creative Prison, un estudio donde el diseño de la prisión se consultaba con  guardias de seguridad y reclusos. Como el propio Alsop dijo:

“Las ciudades creativas donde los ciudadanos se sienten comprometidos son económica y socialmente más exitosas. ¿Por qué deberían de ser las prisiones diferentes? Creative Prison es un intento de mirar las cosas desde otro punto de vista.”

En España, durante la década de los 80 se llevó a cabo un acuerdo entre la Dirección General de Arquitectura del Departamento de Obras Públicas y el Ministerio de Justicia para llevar a cabo una remodelación de las arquitecturas carcelarias. Entre los arquitectos elegidos para llevar a cabo dicho estudio se encontraba Blanca Lleó. La propia arquitecta explica en su texto Carcelariamente todo el proceso de estudio y diseño hasta llegar a construir en 1990 el Centro Penitenciario de Jaén. Sin duda el trabajo de este grupo de pioneros sirvió como cimiento para que hoy en día surjan edificios como el Centro Penitenciario Más d’Enric.

Este proyecto de AiB estudi d’arquitectes y con la colaboración de Estudi PSP Arquitectura destaca por, en palabras de los arquitectos, “la construcción de un espacio no opresivo”. La propuesta se basa en custodiar en libertad, en un edificio cerrado con espacios abiertos que se extiende en superficie. La arquitectura actuando como eje vertebrador entre conceptos opuestos.

El proyecto del estudio catalán se adapta al juego topográfico que el emplazamiento propone y cuenta con su característica cubierta como hilo conductor de los distintos pabellones, los cuales se distribuyen en torno a unos patios jerarquizados por tamaño. Mientras que se trabaja la rotundidad tanto del edificio como de su relación con su entorno, se minimiza el impacto del necesario cierre del programa. Toda una declaración de intenciones: disminuir la sensación de aislamiento, reforzar en la medida de lo posible el sentimiento de comunidad. Todo para suavizar el golpe cuando, una vez cumplan su condena, se vean de nuevo frente a la necesidad de tener que adaptarse a la sociedad.

Con Mindhunter Netflix nos presenta un producto formidable, de los que nos recuerdan por qué pagamos nuestra cuota mensual. Pero esta serie supone mucho más. En una época donde reina lo explicito, se apuesta por que sea la palabra la que nos haga dar un vuelco. Un planteamiento a contracorriente, como a contracorriente fueron quienes pensaron que existía una forma de detectar a posibles asesinos en serie estudiando su comportamiento. O como quienes se plantearon que las cárceles debían de ser rediseñadas para respetar los derechos de los encarcelados.

 

Plantarse frente al muro que supone lo establecido. Buscar una grieta.

Asomarse a ella.

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