La época estival nos suele dejar huérfanos de grandes películas, más allá de los blockbusters veraniegos con más presupuesto que argumento. Sin embargo, este verano hemos encontrado un oasis entre tanta arena con la última película del director británico Edgar Wright (Hot Fuzz, Scott Pilgrim contra el mundo). Debilidad personal y uno de los directores más en forma del momento, como se ha encargado de demostrarnos con su última película y motivo de este artículo: Baby Driver.

 

Lejos de las transiciones perezosas y estandarizadas a las que Hollywood nos tiene acostumbrados, Edgar Wright hace de la música un personaje más, consiguiendo a ritmo de carcajada que los desplazamientos y cambios de escenas sean casi tan interesantes como el desarrollo de la trama. Este video realizado por Every Frame A Painting nos muestra los distintos recursos utilizados por Wright en su filmografía:

La película trata de un joven llamado Baby, veloz al volante y melómano a partes iguales, que se dedica a conducir en robos y atracos con el objetivo de saldar una antigua deuda. Lejos de querer parecer imparcial, la película es divertida y emocionante hasta la extenuación, con un elenco formado entre otros por Kevin Spacey, Jamie Foxx, Lily James o Jon Hamm (interpretando a quien podría ser el alter ego de su Don Draper) en el que el protagonista, Ansel Elgort, aguanta decentemente el pulso contra la inevitable comparación ante el Ryan Gosling de Drive, al ritmo de una banda sonora pensada para no dar el más mínimo respiro.

 

Esta serie de atracos y huidas tienen lugar en la ciudad de Atlanta, especialmente en la Downtown Area. Los malpensados creerán que fue elegida por ser más barata que Los Ángeles o Nueva York, y lo cierto es que muchos han sido los que consideran otros lugares como un mejor marco para películas de acción. Pero Atlanta, como toda ciudad si buscas bien, tiene algunos rincones dignos de ser mencionados, y Edgar Wright eligió alguno de los lugares con más memoria de la capital del estado de Georgia, de casi 500.000 habitantes. De estos destacaremos especialmente dos.

El Pullman Yard, antigua factoría de procesado de azúcar y fertilizante abierta en 1904, ha sido testigo durante más de 100 años de todo el desarrollo de una de las capitales mundiales de los negocios, y durante la película aloja un trepidante tiroteo a ritmo de “Tequila”. Correspondiente a la tipología industrial, posee una nave central con una estructura de cerchas metálicas a dos aguas, con dos naves laterales de menor tamaño, todo ello envuelto de una fachada construida en ladrillo. En un completo estado de abandono, ha sido comprado recientemente por la empresa Atomic Enterteinment por 8 millones de dólares, con el objetivo de hacer un complejo que combine el uso residencial y cultural. La intención es, como ocurrió hace años en los estudios de arte y viviendas del SoHo de Nueva York, aprovechar las grandes luces propias de la tipología industrial para conseguir espacios amplios, diáfanos y con grandes entradas de luz. Aquí podéis ver algunos detalles del nuevo proyecto.

El segundo edificio que merece ser destacado es el Dahlberg Hall, construido en 1909 por el arquitecto John Robert Dillon, el cual desarrolló su obra principalmente en Atlanta. El edificio, cuya función original fue la de auditorio municipal, fue diseñado originariamente con una fachada de ladrillo rojo, pero tras un incendio en 1940 el propio Robert Dillon se encargó de rediseñarla en mármol. A pesar de que en la película “se viste” de oficina de correos, lo cierto es que a lo largo de la historia  este edificio ha acogido numerosos actos culturales en la ciudad: teatro, ópera, ballets e incluso competiciones de lucha libre.  En 1979 el edificio fue vendido a la Georgia State University, su dueño actual, y hasta el día de hoy ha continuado siendo uno de los edificios con mayor carga cultural de la ciudad.

Fachada del Dahlberg Hall. ¿Estará Baby esperando en el coche?

Fotografía de Michael Rivera por CC

El resultado del primer intento de Edgar Wright fuera de la comedia ha resultado más que positivo. A pesar de que quizá se eche en falta algo más de riesgo, mediante el uso de un contrapunto cómico a una película cargada de tensión y dinamismo se consigue un equilibrio preciso. Las calles de Atlanta enmarcan una película cuidada, de persecuciones espectaculares y que junto a Dunkerke ha conseguido darnos una razón para ir al cine más allá del aire acondicionado  durante este verano. Una película icónica, que seguramente no arrasará en la temporada de premios ni conseguirá un récord de recaudación en taquilla, pero quizá no sea eso lo que busque.

Quizá no todo en la vida sea perdurar y a veces baste con la emoción de un instante: el chispazo de una mirada, el rugido de un motor al salir de una curva.

El sonido de una “killer track” en tus altavoces.

BabyDriver (2) LOWRES

Arte digital realizado por KC.