Si hay algún país donde las cuatro ruedas son parte fundamental de su cultura popular, ese es Estados Unidos. Y a raíz de eso nace The Highway Kind: Tales of fast cars, desperate drivers and dark roads.

Miles de historias han sucedido dentro de cada coche. Los road trips con amigos, apretujados en el asiento de atrás discutiendo sobre la próxima canción. O los viajes por la noche volviendo del trabajo, cuando tan solo rompe el silencio el sonido de las ruedas contra la carretera. Cada automóvil nos presenta el mundo exterior a través de una ventanilla diferente, de una mirada distinta.

Quizá fueras conduciendo, con tu mano bailando con el aire como en aquel famoso anuncio de Toni Segarra; o tal vez volvieras en un taxi, pensativo tras esa desastrosa cita que tanto prometía, como en el magistral plano secuencia de Aziz Ansari en la segunda temporada de Master of None. La realidad es que, te guste o no conducir, el coche es ya algo más que un medio de transporte. Es donde comenzamos y acabamos el día, el lugar donde más nos acercamos a un estado meditativo. Un escenario más de nuestra vida cotidiana.

El coche nos permite algo imposible de realizar con el avión o con el tren: poder viajar sin guion, hacer de la improvisación tu itinerario. Es el único medio de transporte que nos permite emprender un viaje con más gasolina que planificación, decidiendo con un simple volantazo nuestro próximo destino. Solo con el coche puedes parar en mitad de la nada, en algún punto cualquiera de una carretera entre dos grandes ciudades, para poder admirar un paisaje en concreto que viste mientras viajabas. También puedes decidir en qué momento visitar alguna gasolinera, como las que diseñaron Mies Van der Rohe en Canadá, Frank Lloyd Wright en Minnesota o Norman Foster en la Península Ibérica, para poder recargar combustible y baterías. O simplemente parar a tomar el sol apoyado en el capó, imitando a Fernando Alonso en aquel Gran Premio de Interlagos.

Gasolineras diseñadas por Norman Foster | ©bigdogLHR por CC

Pero si hay algún país donde las cuatro ruedas son parte fundamental de su cultura popular, ese es Estados Unidos. Y a raíz de eso nace The Highway Kind: Tales of fast cars, desperate drivers and dark roads, una serie de relatos de autores como Michael Connelly, George Pellecanos o Diana Gabaldon, editados por Patrick Millikin. Cada uno de los quince relatos de esta colección supone un paseo por la América más profunda, narrando un instante cotidiano de una vida estadounidense en la soledad de su automóvil, para girar después por el devenir más inesperado. Como en un cuadro de Hopper o un relato de Carver, la psicología y el entorno juegan un papel fundamental en cada una de las historias. Realismo americano, que representa la frialdad y la melancolía que puede evocar ver el mundo a través de la luna delantera, sentado en el asiento de tu coche con las manos al volante.

Ese asiento que sirvió de diván a tantos de tus compañeros de viaje. Donde empezaron y acabaron tantas relaciones, y donde cantaste iluminado por las farolas hasta dejarte la voz y la vergüenza. Un lugar, en ocasiones, solo para ti. Porque conducir es una de las pocas cosas que todavía nos permitimos hacer solos.

Solo tú y la carretera a través de la ventanilla.