Analizamos la crisis que sufren los edificios posmodernos que aún son jóvenes para ser históricos.

Resulta fácil entender que un edificio construido ya hace más de dos o tres siglos forma parte del patrimonio histórico, pero esto es mucho más peliagudo cuando el inmueble en cuestión es reciente -demasiado viejo para ser nuevo, pero demasiado nuevo para ser antiguo-.

Se trata de una polémica que se extiende a lo largo de todos los rincones del planeta, desde el Cristal Palace de Londres a los poblados de colonización de Madrid, pasando por la sede del Banco de Canadá en Otawa o el centro de exposiciones Pragati Maidan en Nueva Dheli.

 

El último de los edificios envueltos en esta polémica es el Thompson Center en Chicago, una inmensa mole de 110.000 m2 de acero y cristal de colores que ocupa un lugar privilegiado en el centro de la ciudad. Ya desde su construcción estuvo rodeado de controversia, “Egolatría u obra maestra” titulaban los periódicos en su momento. Y ahora, al hacer una búsqueda en Google, aparece como uno de los edificios más feos de Chicago, una de las ciudades más importantes para la arquitectura moderna a nivel mundial.

Fotografía de nixerkg por CC

La verdad, el edificio llama la atención. La gran curva acristalada que une las otras dos fachadas rectas no deja indiferente. Y todo en rojo y azul combinando con el blanco, referenciando los colores de la bandera americana parece incluso demasiado literal. Sin olvidar el gran atrio interior con tragaluz incluido que dejan las oficinas, como pequeñas colmenas.

-        Pues creo que es una mierda.

Así de contradictorio arranca el documental “Starship Chicago” de Nathan Eddy. Un corto que defiende la conservación del edificio que corre serio peligro de desaparecer ya que el actual gobernador pretende venderlo al mejor postor. Pero tal contradicción no existe, ya que la idea que en todo momento se defiende es que los criterios de conservación deben alejarse de los gustos personales o los cánones del momento. Y ser su valor cultural, la repercusión social, la capacidad propositiva para abrir caminos y mejorar la disciplina lo que la proteja. Efectivamente, se necesita tiempo para poder juzgar y valorar toda esa aportación. Pero es clave llegar a tiempo para no tener que lamentar.

El documental entrelaza las opiniones de expertos, incluidos el propio arquitecto Helmut Jahn y “Big Jim” Thompson, su mecenas, con diferentes vistas del edificio. El trabajo de Eddy es genial, mostrando el papel dinamizador del edificio para el centro de Chicago. Un cineasta estadounidense gran defensor del posmodernismo, y su rechazo a la austeridad puritana del modernismo.

 

La primera imagen del edificio es la vista de un helicóptero, un ángulo favorecedor que enfatiza su geometría. Vemos gente corriendo a través de su atrio. Los ascensores animan el espacio central. Más adelante, yuxtapone las imágenes del atrio con las de otros grandes espacios interiores como la cúpula del Capitolio en Springfield y la cúpula Tiffany del Centro Cultural de Chicago. La cámara se mueva lenta, de forma reveladora. 

Fotografía de Robert Martinez por CC

El corto nos invita a mirar más allá de un juicio estético y apreciar la síntesis del espacio, estructura y simbolismo cívico. Ciertamente, el documental trata de forma con mucho cariño. No se escucha el ruido ni olemos los olores que ascienden a las oficinas desde los puestos de comida de la planta inferior. Tampoco escuchamos a los trabajadores dar su opinión. Unos trabajadores que en un primer momento, antes de realizar una serie de mejoras, tenían que protegerse del sol con sombrillas y refrescarse con ventiladores.

Fotografía de megareds por CC

Problemas todos ellos que pueden solucionarse y hacer prosperar el edificio como han hecho otros mucho más antes. Pero como ocurre en muchas ocasiones en otros aspectos de la vida, a los edificios buenos les ocurren cosas malas. Los problemas financieros, hacen que Illinois ni lo limpie ni lo mantenga y haga aún menos probable una reparación que se estima en unos 325 millones. Los resultados son columnas metálicas oxidadas y alfombras rotas pegadas con cinta, tal y como se muestra en la cinta.

En definitiva, se encontrará una solución si la ciudad y el estado tienen la visión y la voluntad de reutilizar un edificio que es uno de los legados más importantes del posmodernismo en Chicago. El primer paso ya está dado, se ha elaborado una propuesta que lo reconvertiría en hotel salvando el atrio y un rascacielos residencial a su lado.

 

¿Qué vacío dejaría la demolición del edificio? Uno enorme.