¿Dónde encontramos urbanismo?

Con motivo del Día Mundial del Urbanismo, que se celebra el 8 de noviembre, os proponemos una serie de lecturas para reflexionar sobre esta disciplina.

Confieso que mi relación con el urbanismo no siempre fue la mejor. No sé si por la pesada parte jurídica que lo acompaña o por la magnitud que alguno de esos planes puede conllevar. O quizá por cómo quedaba (y queda) siempre entremezclada con los intereses políticos de los opinantes: nunca habrá suficiente acera para unos, nunca habrá suficiente calzada para otros.

Sin embargo, esta percepción negativa cambió con el tiempo al darme cuenta de que el urbanismo no son solo grandes ordenaciones. El urbanismo va mucho más allá de leyes de nombre interminable o de analizar la sección de grandes avenidas, como dijo el ingeniero argentino Carlos María della Paolera, primer profesor de Urbanismo en Argentina:

“[…] en esas colmenas humanas, que son las grandes ciudades modernas, se ha roto el equilibrio razonable entre la obra artificial y los elementos de vida que generosamente nos brinda la madre naturaleza. Siguiendo los más variados rumbos en sus investigaciones, los urbanistas de todo el mundo han llegado a la conclusión de que es necesario reconquistar el aire, el sol y la vegetación para el ambiente de la ciudad moderna. Las teorías y realizaciones urbanísticas más opuestas concuerdan con el objetivo final consistente en asegurar la unión intima de la ciudad con la tierra viviente, dando amplia entrada a la naturaleza entre las masas inertes de la edificación urbana”.

La tarea del urbanista por tanto no solo consiste en trazar calles. Consiste en buscar el equilibrio entre la actuación y la no-actuación (“Lo más difícil de hacer es algo cercano a hacer nada” decía Marina Abramovic) y en cuidar la relación de la ciudad construida con la naturaleza. E incluso, mirando algo más lejos, esta disciplina está presente en miles de escenarios y actividades que transcurren en nuestro día a día. Afecta directamente a nuestra relación con el espacio y con las personas que lo habitan.

©Hernán Piñera por CC

Pero ¿dónde encontramos urbanismo?

 

En los grandes acontecimientos. Todos sabemos la importancia que tuvieron los Juegos Olímpicos de 1992 realizados en Barcelona. Bajo el espíritu olímpico fueron muchos los que desde cada rincón del país remaron con el objetivo de que Barcelona, Cataluña y, en definitiva, todo el país consiguiera el objetivo de organizar los juegos. La importancia de remar a una. Sin embargo, no faltaron tiras y afloja en el proceso.

De ello trata el libro La ciudad de los arquitectos (Llàtzer Moix, 2002, Ed. Anagrama), el cual relata todos los procesos urbanísticos sufridos por la ciudad condal desde el nombramiento como sede olímpica hasta la realización de los Juegos.

Anella Olímpica  |  ©Giovani Racca por CC

En lo que no vemos. Porque a veces deberíamos centrarnos más en los valores intangibles de una ciudad. En los que son. En lo que no son. En lo que deberían ser. Reflexionar, pensar y debatir sobre las ciudades entre las personas que las habitan nos lleva a mirarla desde distintos ángulos, a mejorarlas, a adaptarlas de una forma óptima a los tiempos que corren.

Las ciudades invisibles (Italo Calvino, 1972, Ed. Giulio Einaudi) busca precisamente esto: una reflexión sobre la ciudad moderna. A través de una serie de relatos que Marco Polo escribe a Kublai Kan, emperador de los tártaros, el famoso mercader veneciano describe una serie de ciudades imposibles que reflejan distintos aspectos de las ciudades actuales.

 

En los más desprotegidos. Porque ¿podéis imaginar un ciudad sin niños? Sin colegios, sin las risas en los parques. ¿Una ciudad más tranquila? Puede que algo más. ¿Una ciudad peor? Seguro. Porque todos los espacios que podemos clasificar como diseñados para niños seguramente sean los que doten a una ciudad de más calidad.

En el libro La ciudad de los niños: Un nuevo modo de pensar la ciudad (Francesco Tonucci “Frato”, 1996, Ed. Fundación Germán Sánchez Ruipérez) se propone reivindicar la ciudadanía de los más pequeños planteando distintas líneas de actuación con el fin de conseguir ciudades más seguras, donde los niños puedan ser partícipes del espacio público.

Niños jugando en el espacio público.  |  ©Asterisco

En lo que nos rodea. Los edificios situados a lo largo de nuestra calle seguramente se parecerán bastante entre sí, incluso sus puertas de acceso. Porque tendemos a vivir entre iguales. Este hecho, lejos de ser una casualidad, puede llegar a entenderse como la traducción urbanística del miedo.

Sobre esto escribe Anatxu Zabalbeascoa en su artículo Arquitectura por contagio (Blog Del tirador a la ciudad, El País). En él nos muestra ejemplos de cómo los comportamientos sociales - tanto los buenos como los malos - se contagian entre la población. Defiende el cese de las actuaciones por contagio, por mimetismo, lo que significaría huir del zonning o de la creación de guetos. Buscar la heterogeneidad, la diferencia. Donde, al fin y al cabo, se encuentra la riqueza.

 

En los tragos más amargos de la sociedad. Desgraciadamente el urbanismo ha estado asociado a algunos acontecimientos que pueden poner en duda su buen hacer. Todos conocemos casos de corrupción inmobiliaria, especulaciones con el terreno, etc. No es mi intención la de hacer una recopilación de los casos en los que el urbanismo no ha sido más que una herramienta para el robo y la manipulación. Pero existen otras formas algo más desconocidas que utilizan el urbanismo para cosas muy distintas al bienestar de la población.

En First We Take Manhattan: La destrucción creativa de nuestras ciudades (Daniel Sorando y Álvaro Ardura, 2016, Ed. La Catarata) se trata de arrojar luz sobre la gentrificación, un tema del que bajo mi punto de vista no se habla todo lo que se debería. Mediante ejemplos reales de barrios situados en distintas ciudades, el libro ilustra todos los pasos que este proceso necesita para conseguir el cambio de los habitantes nativos de un lugar en concreto por un “habitante tipo” de mayor poder adquisitivo. En este blog ya le dedicamos una reflexión al libro de Sorando y Ardura.  

El Cabanyal (Valencia), ejemplo de gentrificación.  |  ©Antonio Marín Segovia por CC 

En el lugar al que miramos. En el sitio que recordamos. Sirva este Día Mundial del Urbanismo para reflexionar sobre tu propia ciudad, tu barrio o tu calle. Para debatir con tus vecinos sobre si la disposición del mobiliario urbano en la plaza es la más adecuada. Para leer los libros recomendados en el artículo y recomendarnos otros en la sección de comentarios. Porque en todos lados hay urbanismo:

Observa cómo ha numerado las venas azules
de mi pecho. Por otra parte, hay diez pecas.
Ahora va hacia la izquierda. Ahora a la derecha.
Construye una ciudad, una ciudad de carne.
Él es un industrial. Ha mordido el hambre en bodegas
y, señoras y señores, ha sido traspasado por el hierro,
por la sangre, por el metal, por el hierro triunfal
de la muerte de su madre. Pero él vuelve a empezar.
Ahora me construye. La ciudad le consume.
Desde la gloria de los tablones, me construye.
Desde el asombro del cemento me ha moldeado.
Me ha proporcionado seiscientos signos callejeros.
Mientras yo bailaba construyó un museo.
Construyó diez bloques cuando me removí en el lecho.
Construyó un paso elevado cuando me marché.
Le ofrecí flores y construyó un aeropuerto.
Usó piruletas rojas y verdes a modo de semáforo.
Sin embargo cruzó en mi corazón, zona escolar, despacio.

Don mío, del libro Poemas de amor (Anne Sexton, 2009, Ed. Linteo)

Sí, aquí también hay urbanismo.

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4 Comments

  1. Roberto

    Me encanta la visión que tenéis del mundo, gracias por compartirla con los demás. Ya estoy esperando una nueva entrada.

    • Asterisco*

      Gracias por tu comentario. ¡Solo queda una semana para el siguiente post!

  2. R. Arenas. No, mejor Roberto A.

    Como dices, el urbanismo no son meras leyes.
    Puede ser interesante nombrar a Devord y su deriva situacionista: recorrer la ciudad, el barrio, sin un destino predeterminado. Caminar a velocidad de paseo, analizando las emociones que ese dejarse llevar suscita.
    Si fuéramos realmente conscientes de nuestra ciudad, si la hiciéramos hogar, más difícil le resultaría al corrupto maltratarla o especular con ella.

    Urbanismo… eres tú.

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