El penúltimo viaje

La conexión de Yves Saint Laurent con Marrakech fue una constante en su vida, encontrando la inspiración entre zocos y jardines. Ahora la ciudad le rinde homenaje con la construcción de su museo.

Como tantas buenas historias, también ésta comenzó en uno de esos hoteles capaces de hacernos soñar. Yves y por aquel entonces pareja Pierre Bergé llegaron a La Mamounia un día de febrero de 1966 huyendo del frío invierno parisino.

Hotel La Mamounia  |  ©Hotel La Mamounia

Llovía. Llovió durante seis largos días. Pero la mañana del séptimo día, cuando la pareja ya valoraba regresar antes de lo previsto a casa, amaneció soleada. Aquella mañana decidió su destino. ¿Y si no hubiera cesado la lluvia?

Durante el vuelo de vuelta a París, rendidos a su hechizo, la pareja decide comprar una casa para prolongar su idilio con la ciudad. Meses después adquieren Dar El Hanch, “la casa de la serpiente”, un riad dentro de la Medina. Dos veces al año, el uno de septiembre y el uno de diciembre, el diseñador ponía rumbo a la ciudad roja. A Yves le apasionaba adentrarse en el zoco y pasear por la siempre bulliciosa plaza Jamaa El Fna junto a los bailarines, acróbatas y encantadores de serpientes. Une passion marocaine.

Tras unos años en la Medina, el couturier decide vender su primera casa para adquirir Dar es Saada, en el barrio de Guéliz, el preferido por los expatriados europeos y artistas de vanguardia. Allí reciben visitas ilustres como Andy Warhol y tienen como vecinos a personajes como los Getty. Creatividad y excesos a partes iguales.

Con el paso de los años, la influencia de la cultura africana es mayor en las creaciones de Yves Saint Laurent, en la que descubre la luz, el color, los drapeados y los caftans. Incluso la imagen de la Menara, el jardín más célebre y con más leyendas de Marruecos que tanto gustaba pasear a Yves, es utilizada en la publicidad de YSL, colándose en las mejores publicaciones de moda. Yves Saint Laurent tenía muchas musas, pero sólo una Marrakech.

Sin embargo, será a otro célebre jardín al que el tándem Yves-Bergé unirá su nombre para siempre, Majorelle. Creado en los años 20 por el pintor francés del que recibe el nombre y con el que buscaba crear un “cuadro” vivo. Ya en los 80, el declive, deciden comprar todas las posesiones, que incluyen los jardines, el estudio taller y la residencia privada, a modo de rescate romántico. Yves dirigió personalmente la restauración de la casa y el jardín, con pasión y respeto, manteniendo su esencia. El resultado es soberbio. Inolvidable. Destacando las rosaledas de miles de rosas en las que descansan para siempre las cenizas del diseñador.

Jardín de Majorelle  |  ©Nicolas Matheus

Majorelle y África fueron grandes fuentes de inspiración. Además reinterpretó algunas prendas de la cultura africana como la Bamabara en prendas como la capa-albornoz o los abrigos-caftán e incluso la sahariana que creó para Vogue. Yves creó prendas de una belleza excelsa, derribó barreras en favor de la mujer, desacralizó la moda. Un revolucionario que hizo posible que el “prêt-à-porter” y la calle se erigieran como centros de la moda al grito de “¡Abajo el Ritz, viva la calle!”.

Desde octubre, Yves Saint Laurent cuenta con un doble museo, en París y Marrakech, las dos ciudades entre las que osciló la vida del diseñador y que ahora vuelven a estar conectadas, y en los que será expuesto el legado del modisto. Con este gesto la marca se suma a la tendencia cada vez más habitual dentro del sector de la moda de perennizar el patrimonio de las grandes casas de alta costura. Dior, Valentino o Gucci son algunas de las marcas que cuentas con espacios expositivos similares.

La sede parisina se encuentra en la antigua casa de moda de la firma y fue inaugurado el pasado 3 de octubre con motivo de la Semana de la Moda en la capital francesa. De este modo, este elegante palacete reabrirá sus puertas convertido en museo y hará visitable el santuario donde se crearon algunas de las prendas que alteraron el curso de la historia de la moda.

Por su parte, la sede marroquí, con 4000m2, más que un museo será un centro cultural, que incluirá salas de exposiciones, una excelente librería con decoración inspirada en el franco del perfume Opium, un auditorio, un agradable café y una interesante biblioteca abierta a investigadores y estudiosos. Bergé no quería un mausoleo, sino una zona para los vivos abierta al mundo.

El proyecto le fue encargado al estudio parisino KO de ecos magrebíes, y contará con más de un millar de objetos del couturier, entre accesorios, fotografías, bocetos y anotaciones del Propio Yves. De la escenografía que incluye voces, citas y fragmentos de películas para añadir un toque de “magia” se ha encargado el escenógrafo y arquitecto francés Christophe Martin.

“Quería ofrecer un recorrido por su talento, no una retrospectiva, sino un viaje al corazón de su obra”

Escenografía del museo realizada por Christophe Martin  |  ©Oze

No menos expresivo es el edificio en sí, influencias modernas de la mano de las tradiciones marroquíes. Un prisma rectangular de ladrillo de terracota local que evoca la “urdimbre de un tejido” en el que se combinan las curvas y los ángulos rectos tan característicos en sus chaquetas. El baño de luz a la fachada hace resplandecer los todos tonos rosas recordando a las montañas de granito en el Valle del Ourika, a las afueras de Marrakech.

En la entrada, fuentes de luz con forma de rayas captan la luz, el azul y el amarillo son los protagonistas. Efectos hermosos parecidos a los bordados multicolores de las creaciones de Saint Laurent. Presidiendo todo esto el icónico logotipo de YSL. Mientras, el hall con sus paredes blancas y lisas recuerda a los forros aterciopelados de las chaquetas de alta costura. La altura del muro circular abierto por arriba oculta el resto de edificios, el cielo pasa a estar enladrillado, y nunca más elegante.

Entrada al museo  |  ©Nicolas Matheus

Esta pequeña delicia museística bien merece abandonar por unas horas la Mamounia u olvidarse del exotismo de la Medina. Describir algo más el museo puede ser algo de spoiler, es mejor disfrutar de la obra con los ojos algo vírgenes. Y recuerda, no olvides mirar al cielo desde dentro del cilindro de ladrillo, nunca más elegante.

¿Y si no hubiera cesado la lluvia?

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2 Comments

  1. Inmaculada

    Interesante post!Tengo muchisimad ganas de visitar el museo. Gracias por descubrirmelo!

    • Asterisco*

      No te arrepentirás de ir Inmaculada. ¡Muchas gracias por comentar y un saludo!

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