Analizamos el nuevo estadio del Atlético de Madrid diseñado por el estudio Sevillano Cruz y Ortiz.

Decía Don Draper en Mad Men que la nostalgia es delicada, pero potente. Que es una punzada en el corazón, más poderosa que la memoria. Que nos lleva a un lugar donde nos duele volver.

El mundo del deporte, y especialmente el fútbol, tiende siempre a vivir en el pasado. Nuevos modelos de gestión, datos históricos y efemérides provocan la eterna comparación entre lo clásico y lo actual, el “odio al fútbol moderno”. Cualquier tiempo pasado fue mejor, dicen.

 

Lo estadios de fútbol no son una excepción en este tipo de comparaciones. Será porque tiene algo de rito acudir al estadio cada domingo, enfundado en la camiseta de tu equipo y embriagado por el aroma a promesa de tarde gloriosa. O porque tendemos a asignarle un valor sentimental a todo lo material, y vemos al club de nuestros amores representado dentro de esa gigantesca estructura de hormigón a la que asistimos siempre con los mismos compañeros de alegrías y penas. Donde siempre con los de siempre.

Por eso siempre es difícil abordar un proyecto como el que el estudio sevillano Cruz y Ortiz ha realizado en el nuevo Wanda Metropolitano.

Fotografía cedida por Cruz y Ortiz arquitectos.

Cuando el escenario es urbano, la decisión del arquitecto suele ser la de convertir al edificio en actor protagonista en lugar de difuminarlo con el atrezzo. Es por esto que la mayoría de nuevos estadios van asociados a grandes planes urbanísticos, girando toda la actuación en torno a ellos. Sin embargo, en este blog hemos hablado ya de instalaciones deportivas que tratan de mimetizarse con el entorno, de minimizar su huella. Y vaya si lo consiguen. El estadio del Braga de Souto de Moura o la pista de atletismo de RCR son excepcionales ejemplos de este tipo de intervenciones.

Cruz y Ortiz optan por reducir el impacto del nuevo estadio Wanda Metropolitano en su entorno. La altura del campo de juego, excavado 15 metros bajo la cota 0, y la importancia de la cubierta remarcando un carácter horizontal, hace evidente la intención de huir de esa idea de estadio como monumento. Es precisamente la cubierta, que recuerda al trazo de una pincelada, un verso libre en el skyline de Madrid, el leitmotiv del proyecto y donde quedan reflejadas todas las intenciones de los arquitectos.

Fotografía cedida por Cruz y Ortiz arquitectos.

De aspecto orgánico y ligero, la cubierta recuerda tanto por sistema como por concepto al estadio Olímpico de Múnich, diseñado por el arquitecto ganador del  Pritzker 2015 Frei Otto. Su estructura está formada por un doble anillo metálico interior y otro exterior. Éstos se unen por un sistema de cables que se cruzan entre sí y que quedan cubiertos por 720 paneles de fibra de vidrio colocados a distintas alturas, evocando al efecto de una ola.

Fotografía cedida por Cruz y Ortiz arquitectos.

A pesar de todas las reminiscencias, los arquitectos consiguen un proyecto con identidad propia. El estudio sevillano esquiva la nostalgia construyendo sobre el pasado un nuevo futuro: partiendo de la grada del antiguo estadio de la peineta surge a su alrededor un proyecto distinto, que multiplica por tres el aforo de las antiguas instalaciones. Dos puntos de la peineta se diseñaron con una cimentación especial para ser capaz de aguantar la sobrecarga de una nueva intervención, lo que hace ver la predisposición al cambio tanto del estadio como de los arquitectos. Además, este graderío queda absorbido por la cubierta, eliminando de la visual el elemento más característico del antiguo estadio para dejar clara la intención de mirar hacia delante.

Fotografía cedida por Cruz y Ortiz arquitectos.

El cambio de estación trajo consigo el cierre de uno de los estadios clásicos del fútbol español, marcando el final de un ciclo. Pero el final es el principio, y a los atléticos se les presenta un nuevo espacio donde seguir soñando. Iluminados por los focos, llegarán nuevos momentos dignos de ser almacenados en la memoria de una afición ávida por curarse las heridas de su historia y conseguir los éxitos que le faltan al club de su corazón.

Digamos adiós al pasado y sacudámonos la nostalgia. Hoy saludamos a un nuevo clásico.