El otro día llegó a mi TL de Twitter un poema que Leonard Cohen escribió para The New Yorker el 23 de enero de 2012. He de reconocer que por algún motivo nunca he sido un gran seguidor de la larga trayectoria de Cohen más allá de sus clásicos, pero al leer aquello no pude evitar quedar atrapado entre esos versos llenos de verdad y desgarradora nostalgia. El poema en cuestión, Going Home, trata de alguien que quiere quitarse de todas las cargas y tristezas acumuladas tras los años y pasar los últimos días que le quedan en su hogar.

“[…] Going home

Without my sorrow

Going home

Sometime Tomorrow

To where it’s better

Than before. […]”

Por ello me sorprendió cuando un amigo me habló de un libro donde de nuevo está presente Leonard Cohen, con uno de sus versos más conocidos como título: First We Take Manhattan.

 

El libro, escrito por Daniel Sorando y Álvaro Ardura junto con numerosas colaboraciones tanto del mundo de la arquitectura y del urbanismo como de diversas plataformas sociales relacionadas con la vivienda, nos ofrece un recorrido a lo largo de más de cincuenta años sobre la “destrucción creativa” a la que las ciudades se han visto sometidas. Desde Manhattan con el Lower East Side hasta Berlin, pasando por ciudades españolas como Valencia con el Cabanyal, Zaragoza con el barrio de La Magdalena, Madrid en Lavapiés y Malasaña o el barrio Chino en Barcelona, muestran síntomas de haber sido sometidos a este proceso urbanístico. Tomando la regeneración por bandera, la gentrificación arrasa con todo el pasado de nuestros vecindarios más históricos, con el fin de convertirlos en barrios económicamente productivos. En el libro se explican los pasos en común que tienen los distintos casos, a saber: abandono, estigma, regeneración y mercantilización. Un proceso sostenido en el sistema financiero, las empresas inmobiliarias y las administraciones públicas que, no ausente de damnificados, encuentra su oposición en las resistencias sociales.

  Vista de Manhattan (Anders Jildén, foto por CC)

Asusta ver cómo es posible manejar los hilos y trazar planes tan a largo plazo usando a los habitantes de las ciudades como peones, cromos que se pueden cambiar por lo que más convenga a unos pocos. Esta fórmula mágica que posibilita cambiar degradados cascos históricos por el nuevo sitio de moda también provoca cambiar forzosamente a los habitantes nativos de un barrio por un habitante tipo: joven, sin cargas económicas familiares y con un poder adquisitivo elevado, renunciando así a la tan manida memoria histórica, a la mezcla social (fomentando la creación de guetos) y, en definitiva, a la cultura de nuestros lugares. Al leer el libro uno termina con la sensación de que la gentrificación es algo tabú en el mundo del urbanismo, que corre el rumor de su existencia por el boca a oreja  pero que muy pocos se han atrevido a alzar la voz para hablar claro sobre este fenómeno urbanístico. Se echa en falta la acción de las escuelas y estudios de arquitectura y de la administración pública como principales entidades que pueden controlar el proceso. De entre los que sí lo han denunciado, me llamó la atención el capítulo que el humorista David Broncano dedicó en su programa LocoMundo (#0, MoviStar Plus)  a la gentrificación, y que podéis ver aquí su monologo inicial como una pequeña introducción al libro para ir entendiendo mejor lo que significa esta batalla silenciosa que se está librando en nuestras ciudades.

A la pregunta de si la gentrificación es buena o no para la ciudad son muchas personas las que han tratado de dar respuesta. Algunas de ellas vienen recogidas en el libro, abarcando distintos puntos de vista. Y es que si bien es innegable la mejora en la calidad de los barrios en los que este proceso se ha producido, ¿es moralmente aceptable que se produzca a costa de los habitantes que originalmente habitaban el barrio? ¿No es este proceso una forma de conseguir que la ciudad sea solo para los que pueden permitírsela, consiguiendo que todo aquel que se encuentre por debajo de una renta mínima se vea relegado a las periferias? La reciente problemática surgida este verano en nuestro país sobre el exceso de turistas puede ser una consecuencia de esta voluntad de querer desplazar a las clases populares de los barrios históricos, siendo ocupado este vacío por unos turistas que simplemente aprovechan las ventajas que se les da.

El tema del libro, por tanto, está más presente de lo que nos pensamos, y supongo que su objetivo es el de arrojar luz sobre un proceso con un impacto excesivo sobre nuestras ciudades y sus habitantes, gente anónima que se ve obligada a abandonar su barrio de toda la vida.

Gente que, como en el poema de Cohen, tan solo quiere volver a casa.