Paseos de un gourmet solitario

Si dicen que somos lo que comemos, esta novela gráfica se presenta como la oportunidad perfecta para conocer la cultura nipona.

Hoy en día cada vez cuesta más encontrar a gente disfrutando en soledad de sus placeres cotidianos. Dejar la impostura en la entrada, como los japoneses dejan sus zapatos en el genkan, y adentrarnos en nuestras aficiones con la sana intención de disfrutar de ellas. Sin la constante necesidad de buscar la aceptación pública en forma de ‘like’ o de pulgar hacia arriba.

 

“Paseos de un gourmet solitario” es el regreso del escritor Masayuki Kusumi y el dibujante Jiro Taniguchi  dieciséis años después de “El gourmet solitario” (Astiberri, 2010), con el que alcanzaron un grandísimo éxito. Llega a España gracias a la editorial Astiberri, un regalo envuelto con una portada rediseñada por el ilustrador (e ilustre tuitero) valenciano Manuel Bartual.

Puede que quien trate de explicar la trama de esta novela gráfica no sepa ir más allá de algo tan sencillo como: “las comidas que hace a solas el protagonista, Goro Inokashira, cada vez que tiene hambre.” Y esto es. Pero a la vez es mucho más. Envuelve al libro una atmósfera pausada y evocadora, que vive de sutilezas. La cotidianeidad de salir a comer convertida en historias.

Espacio engawa | ©Joi Ito por CC

Porque si dicen que somos lo que comemos, este cómic se presenta como la oportunidad perfecta para conocer la cultura nipona. Y conocerla nada menos que a través del rito que supone la hora de comer para una sociedad basada sobre todo en tradiciones. Mediante un magnífico trazo, el gourmet solitario nos muestra no solo algunos platos característicos de la gastronomía japonesa, como el oden, el ramen o los fideos fríos; también sus restaurantes, sus calles y, en definitiva, sus espacios. Todo ello huyendo de pretensiones, tanto en el guion como en los espacios que el protagonista visita. 

Leí un artículo de Jesús Terrés en el que afirmaba que tanto viajar como correr es un estado y no un objetivo. Yo añadiría comer a esa lista. Porque la elección de un restaurante se me asemeja a calzarte mallas y zapatillas o a buscar un hotel con encanto en Suiza. La experiencia de comer comienza con la selección del restaurante adecuado: como quien circula por el engawa en las casas japonesas, antes de entrar en su vivienda.

Calle de Tokio | ©Yong Thye por CC

También para los autores, que nos muestran las divagaciones del protagonista paseando por Tokio hasta encontrar el lugar donde entrar a comer. Cada uno asociado a una vivencia, a un olor, a un pálpito. La muestra de cómo un individuo puede conquistar una ciudad, clavando banderas en forma de recuerdos o experiencias. Las calles de la capital nipona, con edificios de baja altura y  pequeños voladizos o nokisaki, suponen el marco perfecto para una historia donde los restaurantes tradicionales, entre las transparencias del papel washi japonés, nos enseñan la vida cotidiana de la sociedad japonesa. Una suerte de Especies de espacios, de Georges Perec, que se convierte en una oda al observador.

 

Disfrutar plenamente de nuestras pasiones. Dedicar, de vez en cuando, algo de tiempo a nosotros mismos. Una cena donde no vuelen platos rotos ni se saquen trapos sucios. Sin primeras citas ni conversaciones ligeras de segunda mano. Un momento perfecto, que dura mientras queda comida en el plato y se desvanece entre el humo del siguiente. Así es esta novela gráfica, y así es la arquitectura y los espacios que en ella se nos muestran.

Algo sencillo. Sincero y sin tapujos.

Video editado por la revista Gràffica

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2 Comments

  1. Paco

    Me regalaron hace poco este libro y lo disfruté mucho. En cuanto te lo acabas sientes la imperiosa necesidad de ir a comer a un japonés.

    Muy buen artículo.

    • Asterisco*

      ¡Muchas gracias por tu comentario! Sin duda la pasión del protagonista por la comida es contagiosa.

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