Aún podemos encontrar algún pequeño rincón dentro de las grandes urbes que nos transporte. El jardín de la Casa Sorolla es uno de esos jardines que da un poco de oxígeno al centro de Madrid.

Sentirse ajeno al mundo es algo que hoy en día está cerca de considerarse un lujo. Somos los seres solitarios constantemente conectados de los que hablaba Bauman, disponibles las 24 horas del día y sin vida privada. Son, por tanto, cada vez más necesarios los espacios para desconectarse del ruido y las preocupaciones y conectarse a una buena lectura sobre el césped o al calor de los rayos del sol. En muchas ocasiones hablamos de integrar la arquitectura en la naturaleza, pero pocas veces planteamos el caso contrario.

Estos lugares para la reflexión, donde la naturaleza nos envuelve entre el asfalto de la ciudad, son cada vez más escasos. Al margen de las grandes zonas verdes que tan bien quedan en los planes urbanísticos, los refugios de una escala más pequeña, más humana, son algo difíciles de encontrar. Por este motivo han comenzado a surgir iniciativas como, por ejemplo, la del estudio  Husum & Lindholm Architects, creadores del proyecto Growmore: unas unidades  de madera en medio de la ciudad que pueden utilizarse como pequeños huertos. El objetivo no es otro que el de conectar a los urbanitas con su yo más rural, cambiando el móvil por la azada y contribuyendo a que predomine el verde entre tanto gris.

Pero, aunque escaseen, aún podemos encontrar algún pequeño rincón dentro de las grandes urbes que nos transporte. En Valencia, por ejemplo, encontramos la Finca Roja, un espacio verde dentro de un patio de manzana que ayuda a aliviar una trama excesivamente densa. Otro ejemplo sería la plaza Prim, en Barcelona, donde árboles de gran envergadura y casas de pescadores presentan un paisaje bien distinto al habitual en la ciudad condal. Y otro de estos rincones se encuentra en Madrid, en la Calle General Martínez Campos. No está diseñado por ningún arquitecto ni por ningún paisajista, pero existe un archivo gráfico del proyecto impresionante. El jardín de la Casa Sorolla es uno de esos pequeños jardines que da un poco de oxígeno al centro de Madrid.

©Jose Luis RDS por CC

Hasta el 19 de Marzo, en el Centro Cultural Bancaja de Valencia, estará disponible la exposición Sorolla. Un jardín para pintar. En esta muestra, coorganizada por la Fundación Bancaja, la Obra Social “la Caixa”, el Museo Sorolla y la Fundación Museo Sorolla, podemos ver una muestra de los cuadros y bocetos del jardín que el pintor valenciano realizó durante el proceso de construcción de su casa en Madrid. También algunas pinturas de sus referentes, los Alcázares de Sevilla y la Alhambra de Granada, que tuvieron una influencia directa en el diseño de cada uno de los cuatro espacios exteriores que definen el jardín, todos ellos detallados en la muestra. Además, Sorolla se encargó de definir las transiciones entre los espacios, utilizando columnatas o cambios de nivel, y los detalles como la elección de esculturas o el tipo de azulejo.

©Fundación Bancaja por CC

Que Sorolla es uno de los pintores más influyentes de nuestro país uno lo puede sospechar sin saber demasiado de arte. Que además tuviera la capacidad de elaborar un proyecto paisajístico como este, es algo más desconocido que se nos revela en esta exposición. Un viaje a su mente, a sus inquietudes. Un recorrido por el jardín que el artista siempre quiso para pintar, para contemplar, para perderse.

Un recorrido por los sueños de Sorolla, que nos regalaron algo de verde entre tanto asfalto.